Por Aliber López
“La corrupción, enemigo número uno del bienestar nacional: AMLO”
“No mentir, no robar, no traicionar, lejos de la realidad en la 4T”
“Desigual el avance de la lucha contra la corrupción en el mundo”
Considerar la corrupción como el enemigo número uno de la vida nacional y luchar desde el inicio de su gobierno contra su práctica, fue uno de los grandes méritos de Andrés Manuel López Obrador. Se lograron avances importantes desde el inicio de su mandato. Su cálculo de acabar con ella en los 6 años, fue erróneo pues en diciembre de 2018, en toda la estructura socioeconómica de México y en todos sus niveles administrativos, desde las Secretarías de Estado hasta los más modestos niveles del burocratismo y en buena parte de los emporios económicos de todos los niveles, la corrupción se manifestaba por todos los poros.
Ese cálculo erróneo se lo han canturreado los neoliberales a López Obrador, en todos estos años de gobiernos de la denominada 4T (Cuarta Transformación) de la vida pública de México, incluidos los tiempos de Claudia Sheinbaum Pardo. Si bien se gobierna diferente desde el 2018 y se han implementado leyes para mejorar los niveles de vida de los que menos tienen, se han derogado las leyes que castigaban muy levemente los actos de corrupción y se han dictado leyes más severas contra ella; leyes para implementar programas de bienestar social, y considerar como derechos sociales la salud y la educación, la corrupción no se ha podido borrar plenamente de las estructuras sociales de todo el sistema de administración pública.
Todavía vivimos actos de corrupción como el huachicoleo y el robo de gasolinas, las fugas en muchos municipios, de ingresos por el ambulantaje, los malos manejos en los concursos de obra pública, las cuotas del dizque crimen organizado, el jineteo y la venta de plazas federales en varias secretarías de Estado y en el sistema educativo nacional, el mal manejo de recursos en el INE (Instituto Nacional Electoral) y la salida de Guadalupe Tadeei. Hasta en el terreno de los doctos, en los altos niveles académicos se presentan actos de corrupción, según lo denuncia el historiador Pedro Salmerón Sanginés, en el artículo de ayer de “La Jornada” que titula “La Farsa de los Concursos de Oposición” en el que cita un caso de hace dos años, del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia), que encabezó un concurso tramposo de 64 plazas; y otro acto del pasado mes de junio, de la SECIHTI (Secretaría de Ciencias Humanidades, Tecnología e Innovación), en el que se inscribieron alrededor de 5 mil doctores para acceder a 200 plazas. La documentación exige datos en un formato llamado “machote” donde solo se anota el curriculum vite y se enuncia en pocas palabras el proyecto que se presenta para el concurso y al final se dictamina por 9 comisiones dictaminadoras que solo emiten su veredicto sin soporte alguno, por mencionar en pocas palabras, dudas serias sobre los procesos de otorgación de plazas en esos altos niveles académicos.
Con los datos del párrafo anterior se aprecia que la frase de no robar, no mentir y no traicionar, está todavía muy lejos de generalizarse en la práctica política de los gobiernos morenistas; si bien es cierto que existe en MORENA, gente honesta e íntegra, también la hay con regulares o altos niveles de corrupción, o gente de derecha, como dice Salmerón, en varios de los organismos académicos. Entendemos que vivimos un proceso larguísimo de lucha contra la corrupción y que esa lucha se refleja en cada país, en todas las naciones; que en cada región del mundo o de una nación, se combate la corrupción a ritmos desiguales. En unos países disminuye o aumenta según sus propios procesos sociales. Con el poco avance que llevamos de la lectura del libro “Pueblo” de López Obrador, apreciamos mejor esa interminable lucha social de las clases dominantes, privilegiadas, contra los pueblos oprimidos y explotados, los trabajadores, mediante la corrupción.