
El tema de esta columna obviamente se refiere a la letra del musico, cantautor y poeta cubano Silvio Rodríguez Domínguez. Uno de sus compendios musicales se denomina Mujeres. Y en dicha obra de arte, alude a la esposa de Carlos Marx, cuando dice: “Me estremeció la mujer que incendiaba los trillos, de la melena invencible, de aquel alemán”.
Jenny Von Westphalen, vivió junto con su esposo, (el economista, sociólogo, historiador, periodista, intelectual y político), Karl Heinrich Marx las peripecias y rigores existenciales de una vida dedicada al compromiso intelectual y científico con la clase trabajadora.
Hablando de México, otra mujer ejemplar, lo fue Margarita Eustaquia Maza Parada, esposa del Presidente Benito Juárez García.
Fue una historia similar, pues en el contexto de la invasión francesa, el matrimonio tuvo que ir de un lado a otro, con los avatares que implica, tener una familia de doce hijos.
Hace muchos años, me tocó ver en la CDMX las gavetas de mármol olvidadas y sucias de la esposa de Juárez y sus hijos. Espero que ahora la 4T ya los haya reivindicado. Muchos de ellos murieron pequeños. Fue duro el papel de doña Margarita, trabajando desde el exilio, organizando la resistencia, y dándose tiempo para su familia.
¿Cuál es el rol que han jugado las mujeres a través de la historia? En su libro, “La Familia, la Propiedad Privada y el Estado”, Federico Engels utiliza como fuente documental, una investigación de Jacobo Bachofen, para aseverar que una de las primeras organizaciones de la familia, fue el matriarcado.
De manera que el empoderamiento que ahora mantienen las mujeres en nuestro país, y en buena parte del mundo no es de ahora. Viene desde los orígenes, sin embargo, fue e sistema capitalista quien le asignó durante muchos siglos a la mujer un papel como mera reproductora biológica de la fuerza de trabajo. Para algunos, la iglesia, jugó en el pasado un papel importante en la cultura de asignarle a las mujeres un lugar de sufrimiento y resignación.
El derecho romano, fuente primigenia de las leyes occidentales modernas, consideraba que en una familia, el marido tenía autoridad sobre todos los de la casa. Y podía vender, castigar o matar incluso a su esposa. Por estos rumbos adquiere cierta legitimidad cultural, la práctica del machismo. A partir de ahí súmele usted la acumulación y arraigo costumbrista de roles y estereotipos, como aquel de raigambre mexicana, en los años de la posguerra, que postulaba una idea sui generis sobre este tema: las mujeres, como las escopetas, cargadas y en un rincón.
En la literatura reciente, llama la atención la novela de la escritora Ángeles Mastretta, donde el personaje central Andrés Ascencio denigra hasta el extremo a su joven esposa Catalina Guzmán.
Hablamos aquí no solo de un machismo marital, sino de un cacicazgo político y un poder fáctico sin limites, atribuido en la vida real al General Maximino Ávila Camacho. Todo ese entramado moral, político e ideológico, era apoyado y reforzado por las instituciones de su tiempo. El Presidencialismo viene de esa misma vertiente.
Pues bien, después de ese marco de carácter histórico y conceptual, aterricemos en nuestro Tamaulipas actual. Y específicamente en la fecha de este ocho de marzo, un fin de semana bastante intenso, en lo que se refiere al tema de género. En todos los ámbitos pero especialmente en lo político, las mujeres de nuestro estado que ocupan posiciones relevantes, causaron revuelo. Todo ello de cara a un futuro, que ya de plano, y para hablar claro, les pertenece.
Primero hablemos de la marcha violenta protagonizada en esta capital por un nutrido grupo de féminas. Se habla de que prendieron fuego en una de las puertas de palacio. En anteriores ocasiones, la manifestación había sido pacífica, pero hoy se salió de control.
Algunos suspicaces comentan que la carga de agresividad estuvo alimentada desde las sombras por azuzadores azules que gobernaron en el sexenio pasado. Acuérdese que las investigaciones de carácter penal, contra la impunidad y la corrupción, han afectado los intereses de una camarilla política.
En este sentido, ¿Qué mejor oportunidad para el desquite, que una fecha como la mencionada? En fin, estas son meras especulaciones. Aquí lo grave es que algunas de las manifestantes, le prohibieron a los medios filmar los acontecimientos, y se dice que fueron agredidos. Ellas están en su derecho de manifestarse. Pero también los colegas periodistas, tienen todo el amparo de las leyes para cumplir con su trabajo.
Otro escenario de este 8M, fue el foro organizado por la Universidad Autónoma de Tamaulipas, en el sur del estado, en el cual participaron mujeres como la alcaldesa Carmen Lilia Canturosas Villarreal, la alcaldesa de Tampico Mónica Villarreal, así como la diputada Cynthia Lizabeth Jaime Castillo.
Carmen Lilia destacó que con la llegada de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo al Poder Ejecutivo federal, se ha dado un parteaguas, para que cada vez más las mujeres accedan a puestos de liderazgo, con lo cual se corrobora que se vive un tiempo de mujeres. Canturosas Villarreal reconoció el apoyo total del gobernador Américo Villarreal Anaya a la lucha por los derechos de las mujeres.
El mencionado evento se llevó a cabo en el Centro Multidisciplinario de Tampico, y tuvo como moderadora a la doctora María Concepción Placencia Valadez, Secretaria general de la UAT.
La senadora Olga Sosa Ruiz hizo de igual manera, un importante posicionamiento sobre el tema de género. Desde su cuenta X escribió: “las mujeres tenemos derechos. La cartilla de Derechos delas Mujeres, del gobierno, de la Presidenta Claudia Sheinbaum, será distribuido por todo el país. El ocho de marzo, somos todas”.
Por su parte, el gobernador Américo Villarreal Anaya emitió un mensaje de lo más relevante, en el cual incluyó los quince derechos de las mujeres, incluidos en la cartilla de derechos de las mujeres.
—Hoy, en el Día Internacional de las mujeres, reconozco su historia de lucha y reafirmo mi compromiso con todas las tamaulipecas. Este es su tiempo. Desde mi gobierno, seguimos trabajando para derribar barreras, ampliar oportunidades , y construir un estado más justo y equitativo.